Educación que integra, pero no apoya: el desafío invisible de docentes con estudiantes migrantes
Un aumento del ocho por ciento de migrantes entre 2006 y 2022 ha generado un impacto en la comunidad escolar del país, especialmente en la Región Metropolitana, donde se concentra más de la mitad de los estudiantes extranjeros a nivel nacional y son las comunas de Santiago, Independencia, Estación Central quienes lideran la lista. Este fenómeno ha obligado a los docentes a enfrentarse a un nuevo escenario, sin herramientas proporcionadas por el Estado y funcionando bajo su creatividad y criterio.
“El estudiante ingresa a estudiar cuando pasó años sin ver contenidos por su situación migratoria, entonces hacen que entre a un curso, que sea promovido, pero sin los conocimientos básicos, lo que conlleva que arrastre la falta de conocimiento durante toda su vida”
Juan Ignacio Castro
Realidad en el aula
En el colegio Víctor Jara (ex Humberto García) de Estación Central, el setenta por ciento de los alumnos son migrantes, donde destacan las nacionalidades haitiana, venezolana, dominicana y colombiana. Esta situación complicaba incluso las conversaciones más simples, lo que llevó al colegio a contratar a un profesor de idiomas para abordar el problema.
El encargado de esta labor es Sylvestre Valcín (43), un profesor de idiomas de nacionalidad haitiana. Un hombre alto, delgado y de aspecto rudo, pero que irradia un semblante tímido y alegre, que hace que conecte fácilmente con la comunidad, ya que al llevar pocos años en el colegio participa alegremente junto a los apoderados. El establecimiento escogió a Valcín por su amplio manejo de idiomas como el español, creole, francés e inglés.
Desde la sala de profesores del Colegio Víctor Jara, un espacio acogedor que cuenta con un amplio comedor, el docente Sylvestre Valcín compartió su experiencia acompañando a estudiantes haitianos. “Desde el 2016 a la fecha hemos avanzado mucho. Gracias a mí logramos nivelar a muchos estudiantes haitianos que hablaban poco español. Con los apoderados hay otro tema. Hay niños de nacionalidad haitiana que hablan español, ya que nacieron en Chile; sin embargo, sus padres no manejan el idioma nacional, por eso he sido el mediador entre colegio y apoderado” comenta.
La tarea de nivelar a estudiantes no hispanohablantes, sin apoyos adicionales, puede resultar desgastante. Valcín reconoce que ser el único intérprete para la comunidad haitiana del colegio es una carga constante. “Es una presión tener cinco o seis alumnos por curso que no hablan español, no saben leer o les cuesta expresarse, y no poder dar abasto solo. Es frustrante para ellos, entonces uno como profesional siempre tiene que buscar la forma en que ellos puedan incluirse en el sistema” comenta el traductor.
Actualmente, no existe un plan concreto del Ministerio de Educación que garantice la presencia de intérpretes o traductores en establecimientos con alta matrícula de estudiantes haitianos. Casos como el del Colegio Víctor Jara, donde hay un docente que cumple este rol, dependen exclusivamente de la necesidad detectada por la comunidad escolar y de si existe presupuesto para financiarlo.
Desafio docente frente a la migración escolar
Desde otra experiencia, Inés Tapia, profesora de matemáticas del colegio Víctor Jara, sostuvo que trabajar con alumnos extranjeros implica una carga adicional. “Es difícil crear una relación entre profesor y apoderado, los padres haitianos suelen ser muy desprendidos con sus hijos. Los niños tienen responsabilidades de adultos en sus hogares: cuidan a sus hermanos, limpian la casa y cocinan. Es por esto que hasta en vacaciones los alumnos prefieren asistir a talleres que hacemos, para estar el menor tiempo en sus casas, donde tienen que trabajar mucho”.
Además de la relación entre profesor y padre, la llegada de estudiantes extranjeros trajo desafíos que ponen a prueba la vocación del docente. Leoncio Faúndez, profesor de música, señala que muchas veces los docentes deben tomar un rol de padre con los alumnos. “Hemos descubierto que en los hogares no hay una cultura de fomentar el estudio. Los niños llegan sin los materiales necesarios para asistir a clases, entonces ahí como profesores debemos poner de nuestro sueldo para comprarles cuadernos, lápices o materiales en general, que no es algo costoso, pero no debería ser nuestra responsabilidad”.
La integración de los alumnos migrantes trajo consigo desafíos educacionales; sin embargo, le dio la posibilidad a la comunidad educativa de continuar sus labores. “Hace unos años el colegio estuvo a punto de cerrar por falta de alumnos. Todos los profesores fuimos a las ferias de Estación Central con matrícula en mano, inscribimos a la mayor cantidad de niños posibles, la mayoría extranjeros. Tuvimos que luchar para no quedarnos sin trabajo”, contaron los docentes del colegio Víctor Jara que prefieren no ser identificados. Respecto a esta información, la Dirección de Educación de Estación Central, tras ser consultada no quiso referirse al tema y desconoció el caso descrito por los profesores.
Este problema no es exclusivo de algunas comunas o colegios: es una realidad que atraviesa todo el sistema escolar chileno. Aunque el Ministerio de Educación garantiza el acceso de niños, niñas y adolescentes migrantes a las aulas, según voces docentes, el acompañamiento posterior es casi inexistente.
Autoridades de la educación
Helia Molina, diputada y miembro de la Comisión de Educación de la Cámara Baja, enfatizó la importancia de especializar a los docentes. “Un profesor capaz de trabajar con migrantes requiere más esfuerzo, ya que implica una mayor carga laboral. En un país con alta migración, los docentes deberían venir capacitados desde las escuelas de pedagogía para enfrentar este desafío. Por eso digo que se requiere, no solo al profesor, sino también un asistente educativo que ayude a facilitar los procesos”.
Elena Lagos, periodista del Departamento de Administración de la Corporación de Educación Municipal de Independencia, explica que en los colegios del sector buscan adaptar los contenidos porque el Ministerio de Educación les dio flexibilidad desde la pandemia para hacer esto, pero aclara que no existe una norma específica para dicha inclusión. Entonces, queda a criterio de los establecimientos la forma en que se hará.
Lagos hacía referencia al Plan de Mejoramiento Educativo (PME), el cual es definido por el Ministerio de Educación como un documento estratégico que orienta a las escuelas y liceos en la planificación, implementación y evaluación de sus procesos de mejora continua, con el propósito de fortalecer el aprendizaje de los estudiantes. Este plan se sustenta en el Proyecto Educativo Institucional (PEI) y se desarrolla durante un período de cuatro años, que contempla las etapas de diagnóstico, planificación, implementación y evaluación.
Raquel González, encargada de vinculación con el medio del Colegio de profesoras y profesores de Chile, aseguró que “son importantes los proyectos educativos institucionales, porque son la columna vertebral de cada establecimiento, junto con los planes de mejoramiento. Si tú declaras que tu colegio tiene como principio la integración cultural, entonces vas a trabajar desde ahí de inmediato. Pero si ese enfoque no está realmente integrado en todo el entorno educativo, la interacción se vuelve compleja. Además, no hay una actualización constante de estos planes por parte del equipo directivo en conjunto con los docentes, y ahí la responsabilidad recae en los mismos establecimientos. Entonces volvemos al punto: ¿quién se hace realmente cargo de esto?”.
Sin embargo, González también considera que el Ministerio de Educación llegó tarde, “porque los objetivos o los documentos y las instancias son bastante declarativas, pero en la práctica y en la ejecución somos nosotros los docentes en el aula, los que nos vemos enfrentados a este tipo de desafío más que problema, y ver cómo lo solucionamos”.
Los profesores, aparte de adaptar los contenidos, hacen visible la multiculturalidad. En fiestas patrias se le da espacio a los bailes típicos de los distintos países de donde provienen los alumnos. Además, se realizan ferias culturales y gastronómicas para hacer sentir a la comunidad migrante que no se ignora su cultura de origen, agregó Lagos.
Pese a las ayudas, la comunidad docente manifiesta que se ve sobrepasada. “Tenemos a muchos docentes con licencias médicas por salud mental. El personal docente se encuentra con una sobrecarga laboral por la falta de personal. “Aunque capacitemos al profesor para que tenga más herramientas que le permitan atender las necesidades de educación de la población migrante, es poco el tiempo que ellos disponen para lo que sería una capacitación”, explicó Lagos.
Salud mental docente
Según el Plan Anual de Educación Municipal de Independencia, el año 2023 el 43 por ciento de los docentes de la comuna solicitaron licencias médicas. El ranking es liderado por los colegios que tienen sobre el cuarenta por ciento de estudiantes extranjeros, por ejemplo:
- Liceo Presidente J.M. Balmaceda: 53 docentes con licencia médica.
- Liceo Gabriela Mistral: 50 docentes con licencia médica.
- Liceo Multigénero Eloísa Díaz: 44 docentes con licencia médica.
Por temas de protocolo, no se señala si la licencia corresponde a salud mental o a un accidente; sin embargo, Elena Lagos señala que la mayor cantidad de solicitudes son por temas de salud mental en colegios con alta matrícula de alumnos extranjeros.
En la comuna de Santiago, Eduardo González es el coordinador del área migrante del Departamento de Educación Municipal (DEM). El funcionario dijo que el plan de inclusión de extranjeros comenzó durante el periodo de la alcaldesa Carolina Tohá por la simple razón de que es la comuna con mayor cantidad de matrículas migrantes en el país. Según datos del informe PADEM (Plan Anual de Desarrollo de la Educación Municipal) , la matrícula de estudiantes extranjeros entre 2018 y 2023 aumentó más del cincuenta por ciento.
El punto más destacado del programa migrante de la comuna es la regularización que se hace de la familia del estudiante. En el caso de Santiago, los inmigrantes representan el 43 por ciento del total de estudiantes.
González explica que el docente debe estar preparado, ya que el estudiante migrante viene con una carga emocional alta. “Vienen de un cambio de país y del ingreso por un paso no habilitado. Entonces, el profesor tiene que estar preparado para recibir al estudiante, y además cuidar de su propia salud emocional por la carga psicológica que esto trae consigo”. Sin embargo, González declara que se podría hacer más, ya que Santiago enfrenta la misma problemática que Independencia por el alto número de licencias médicas de los docentes por desgaste emocional y salud mental.
Según el Estudio de la salud laboral de los profesores en Chile (2003), “específicamente referido al estrés que afecta a los profesores en sus prácticas, proponen cinco categorías de estrés experimentados en la docencia: factores personales, factores de enseñanza y curriculares, factores institucionales y organizacionales, factores laborales, factores del contexto”.
Del estudio también se desprende que, “ligado a la condición de profesor, subyace una gran cantidad de expectativas que pesan sobre los educadores en su rol como docentes. Se espera que el profesor transmita conocimientos, genere habilidades y capacidades en sus alumnos. Además, hay expectativas de que cumplan un rol formativo importante. Así, a través de los objetivos transversales, los profesores deben inculcar valores, enseñar hábitos de conducta, así como la formación de la personalidad. En esa medida, los docentes deben asumir funciones complementarias a las de la familia, la que por muchos de ellos es percibida como una sobrecarga”.
Política Nacional de Estudiantes Extranjeros
El Ministerio de Educación reconoce que el aumento sostenido de la migración en Chile ha planteado el desafío de modernizar el sistema educativo. Entre 2001 y 2016, las residencias temporales pasaron de 27 mil a 136 mil, y se entregaron más de 324 mil permanencias definitivas. Ante este escenario, el Mineduc propuso una política nacional que garantice el acceso a una educación de calidad para todos, sin importar su origen o situación migratoria. Sin embargo, el propio ministerio admite que su implementación ha sido más lenta de lo esperado, debido a tensiones y múltiples urgencias (Política Nacional de Estudiantes Extranjeros, Mineduc, 2018).
Según lo mencionado en esta política, se evidencia una sensación de aislamiento al enfrentar el reto de trabajar con la diversidad estudiantil, incluyendo a alumnos prioritarios, con necesidades educativas especiales, diversidad sexual, migrantes y pertenecientes a pueblos originarios, entre otros. Asimismo, se señala que los Proyectos Educativos Institucionales (PEI) y los Planes de Mejoramiento Educativo (PME) no incorporan de manera explícita a estos grupos históricamente marginados. También se identifican dificultades como las barreras lingüísticas para abordar el currículum, la escasa flexibilidad y la falta de adecuación de los contenidos, junto con una deficiente administración de recursos por parte de las corporaciones (pp.15)
En 2024 se realizó una actualización del documento y se incorporó dentro de los ejes estratégicos la “Formación y capacitación para los actores del sistema educativo” y su descripción es: fortalecer las oportunidades de formación y capacitación de los distintos equipos profesionales a nivel de comunidades educativas, equipos territoriales (Secretarías Regionales, Departamentos Provinciales y Servicios Locales de Educación Pública), funcionarios del nivel central y servicios asociados.
El rol de las organizaciones de la sociedad civil
Frente a la falta de preparación y apoyo que viven muchos docentes para acompañar a estudiantes migrantes en su adaptación cultural y académica, algunas organizaciones de la sociedad civil han tomado un rol activo. Una de ellas es la Corporación Formando Chile, que, aunque no trabaja exclusivamente con población migrante, entrega becas a estudiantes desde tercero básico hasta la educación superior. A través de clases de reforzamiento en materias clave, talleres de autoconocimiento y orientación vocacional, busca reducir las brechas que el sistema escolar aún no resuelve.
En su programa preuniversitario Escuela de Formación para el Ingreso a la Educación Superior (EFIES), han participado estudiantes extranjeros que no lograron acceder a un preuniversitario pagado ni a apoyos escolares estables, debido a los constantes cambios de colegio provocados por su proceso migratorio. Adrianyelis Ramírez, estudiante venezolana de cuarto medio, comenta: “Agradezco tener esta oportunidad, acá me hacen ensayos PAES y quiero entrar a la universidad, pero nunca había visto cómo era la prueba en mi colegio”.
Raquel González, encargada de vinculación con el medio del Colegio de profesoras y profesoras, asegura que si bien, en 2018 el MINEDUC creó la Política Nacional de Estudiantes Extranjeros, esta solo pone el foco en el acceso a la educación y no en la integración de los niños migrantes a una cultura distinta, “se preocupa en que puedan tener matrícula y acceder a los distintos niveles educativos, y que también es bueno, que no quede la población migrante sin acceso a la educación, porque es un derecho universal”.
Sin embargo, el foco no está en la integralidad de la propuesta educativa. Pero para González aún falta la otra parte, ¿cómo lo hacemos?, ¿qué herramientas nos entrega el Mineduc a nosotros? Solo la política, solo que nosotros leamos y conversemos al respecto, ¿nos va a entregar una medida clara, apoyo, respaldo?, y cuando hablo de apoyo, me refiero a capacitación, formación, ¿la tiene que hacer cada sostenedor por su cuenta?”. En la actualidad los docentes aún tienen esas interrogantes.
