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El desafío de integrar a estudiantes extranjeros en el nivel adecuado

En ausencia de documentación que acredite el último curso aprobado, los colegios en Chile deben evaluar a los estudiantes migrantes considerando principalmente su edad. Sin embargo, expertos y organismos especializados advierten que ubicarlos en niveles escolares inferiores puede afectar su autoestima, reforzar desigualdades y aumentar significativamente el riesgo de deserción, especialmente en contextos de alta vulnerabilidad.

Por Daniela Abarzúa G.

 
(Fuente: www.ciper.cl)

Cuando un estudiante migrante llega a Chile sin documentos que acrediten su último curso aprobado, especialmente si proviene de un país sin convenio de reconocimiento de estudios, las escuelas enfrentan una disyuntiva: ¿en qué nivel escolar debe ser matriculado? Según lo estipulado por el Ministerio de Educación, en estos casos los establecimientos deben aplicar una evaluación diagnóstica para determinar el nivel adecuado. Y el principal criterio que debe considerarse es la edad del estudiante.

 

El objetivo de esta evaluación es evitar que niñas, niños y adolescentes sean ubicados en cursos demasiado bajos, lo que podría asimilarse a una repitencia. Aunque no existe una postura única entre los especialistas, diversos estudios coinciden en que repetir un curso puede tener efectos negativos en la experiencia escolar, al ser percibido como un fracaso. Además, aumenta el riesgo de abandono escolar, especialmente en contextos de alta vulnerabilidad.

 

Para reducir estos riesgos, las orientaciones técnicas del Ministerio recomiendan que las evaluaciones se realicen en la lengua materna del estudiante o, en su defecto, que se posterguen hasta el último trimestre del año, permitiendo que el alumno adquiera previamente el idioma de instrucción.

 

Estas recomendaciones están contenidas en el documento “Orientaciones técnicas para la inclusión educativa de estudiantes extranjeros”, elaborado por Ayuda Mineduc, que también destaca la importancia de evitar decisiones que refuercen desigualdades estructurales ya presentes en el sistema.

 

“Cuando los niños llegan y tiene su rut provisorio, los del ministerio los ubican en cualquier curso, lo hacen más por edad, entonces muchos de ellos no estaban escolarizados”, comenta Inés Tapia, profesora de matemáticas del Colegio Víctor Jara.

 

Una alerta similar hace el Centro de Políticas Migratorias, que en su informe de 2024 “Estudiantes migrantes en Chile: brechas y desafíos para una educación de calidad”, en conjunto con Espacio Público, expone que los estudiantes extranjeros enfrentan barreras múltiples. Entre ellas, un menor rendimiento académico, baja asistencia mensual en todos los niveles y mayores tasas de deserción escolar en comparación con sus pares chilenos.

 

Además, el informe indica que la mayoría de estos estudiantes se concentra en establecimientos públicos con altos índices de vulnerabilidad, lo que agrava aún más las brechas.

 

Ante este panorama, el desafío es claro: diseñar respuestas educativas que consideren la trayectoria previa, el contexto lingüístico y las particularidades culturales de cada estudiante. En otras palabras, garantizar su derecho a una educación de calidad sin convertir la integración en una barrera adicional.

 

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