A pesar del aumento sostenido de estudiantes migrantes en las aulas chilenas, el Ministerio de Educación aún no implementa un programa nacional que capacite a los profesores en materia de interculturalidad. La formación queda, en la mayoría de los casos, sujeta a la voluntad de cada establecimiento.
El fenómeno migratorio ha transformado el escenario educativo chileno en la última década. Con más de 260 mil estudiantes extranjeros inscritos en el sistema escolar —cuatro veces más que en 2017—, las salas de clases se han convertido en espacios diversos que requieren nuevas herramientas pedagógicas y una mirada más inclusiva. Sin embargo, los docentes siguen enfrentando este desafío sin respaldo estructural.
Victoria Gutiérrez Falfán, Coordinadora de Educación Media de la Secretaría Regional Ministerial de la Región Metropolitana, reconoce esta ausencia institucional. “Levantamos proyectos y guías para docentes, pero lo que se ha hecho es más bien orgánico de cada institución, no sistemático”, asegura.
La falta de un enfoque claro desde el Ministerio de Educación se refleja también en la Política Nacional de Estudiantes Extranjeros, documento publicado en 2018 y actualizado en 2024. Aunque plantea principios como la inclusión, el respeto a la diversidad y el derecho a la educación, su implementación práctica ha sido escasa. En palabras de Gutiérrez, “no existe un programa específico para formar a docentes en interculturalidad, ni recursos diferenciados para abordar esta realidad”.
Actualmente, los colegios que cuentan con alto porcentaje de estudiantes migrantes deben gestionar sus propias estrategias de adaptación curricular y contención social, muchas veces con presupuestos limitados y sin orientación técnica del nivel central.
La actualización 2024 de la política incorporó como uno de sus ejes la “formación y capacitación para los actores del sistema educativo”, pero según las comunidades escolares, esta medida todavía no se materializa en acciones concretas.
“Lo que se ha hecho es más bien orgánico, no sistemático.”
— Victoria Gutiérrez, Seremi de Educación RM
La situación plantea una interrogante de fondo: si el Estado garantiza el acceso a la educación de niños y niñas migrantes, ¿por qué no garantiza también que los docentes cuenten con las herramientas para acompañarlos en el aula?
Por ahora, la respuesta está en manos de cada escuela.
