Ante la falta de apoyos institucionales, las organizaciones de la sociedad civil han asumido el desafío de acompañar a estudiantes migrantes en su proceso educativo. Una de ellas es Formando Chile, que desde hace años entrega herramientas académicas y vocacionales a jóvenes excluidos del sistema.
No todos los estudiantes tienen las mismas oportunidades para prepararse y acceder a la educación superior. Y cuando se trata de alumnos migrantes, las barreras aumentan: inestabilidad escolar, falta de recursos, problemas de regularización y ausencia de apoyo especializado desde el sistema educativo. En ese contexto, la labor de las organizaciones civiles se vuelve fundamental.
Una de ellas es Formando Chile, una corporación sin fines de lucro que, aunque no trabaja exclusivamente con población migrante, se ha convertido en una red de apoyo clave para jóvenes que han quedado fuera de las estructuras formales de acompañamiento escolar.
Su programa más emblemático es EFIES (Escuela de Formación para el Ingreso a la Educación Superior), un preuniversitario gratuito que no solo entrega clases de reforzamiento, sino también talleres de autoconocimiento, orientación vocacional y preparación para la PAES. Muchos de sus estudiantes son migrantes que han vivido cambios constantes de colegio y que, por motivos económicos, no pueden pagar un preuniversitario tradicional.
“Nunca había visto un ensayo PAES.”
— Adrianyelis Ramírez, estudiante venezolana y alumna de EFIES
Adrianyelis llegó desde Venezuela y cursa cuarto medio en un colegio de la Región Metropolitana. Aunque siempre tuvo el sueño de ingresar a la universidad, cuenta que en su establecimiento nunca había tenido acceso a material de preparación para la prueba de admisión. “Agradezco tener esta oportunidad, acá me hacen ensayos PAES y me orientan sobre cómo postular. En mi colegio eso no lo tenemos”, señala.
La labor de Formando Chile también incluye seguimiento académico y personal, ayudando a sus estudiantes a construir un proyecto de vida. En una etapa clave como la adolescencia, este acompañamiento puede marcar la diferencia entre desertar o avanzar.
En un país donde los programas públicos aún no logran garantizar la integración plena de los estudiantes migrantes, el trabajo de estas organizaciones se vuelve doblemente valioso. No reemplazan al Estado, pero hoy —en muchos casos— lo están haciendo.
